Comunicado oficial de UAC sin Miedo y la Asociación de estudiantes

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Foto/ Mónica Mercado

Aquí termina todo. La lucha incansable por lo que creíamos era lo correcto se convirtió al final en un juego de poder y maquinaciones donde en lugar de ser nosotros, los estudiantes, piezas fundamentales como se nos quiso hacer creer, éramos los títeres e idiotas útiles de muchos que no querían hacer más que conseguir una buena rebanada del gran pastel.

Hoy se encuentran satisfechos muchos de ellos, seguramente, chocando sus palmas mientras botan el humo de los habanos que la venta de dignidad les puede comprar. Hoy, probablemente, sonríen de forma cínica como han venido haciendo hasta el momento, jactándose de sus logros y pensando en los ingenuos y soñadores estudiantes que creyeron por un momento que eran lo suficientemente poderosos para acabar con la corrupción en un lugar que, tras mucho tiempo, se ha convertido en su hogar.

Nos dejaron solos en la lucha, docentes, directivos, sindicato y hasta muchos de ustedes queridos compañeros. Las aves de rapiña que rondaron la autónoma terminaron quedándose con ella, por la apatía y la indolencia de muchas tantos o muchos pocos. No pudimos solos, aún con nuestra alma llena de sueños y nuestro cuerpo agotado. Nos ganaron la batalla. La luchamos hasta el final.

Esperamos que todos aquellos que celebran el regreso a clase lo hagan, los que nos acusan de intransigentes y vagos por no querer negociar con corruptos celebren, celebren mientras puedan, porque cuando los abrace la realidad de lo que queda de nuestra amada alma Mater, cuando la desgastada autónoma del caribe los acoja nuevamente, cuando caigan en la realidad de la mediocridad que nos espera, entenderán que era necesario luchar y tal vez, solo tal vez será demasiado tarde.

Por ahora sus desgastados compañeros que día y noche los defendieron se quedan manos atadas por la falta de apoyo de muchos a los que nunca les interesó la lucha. Nadie se vendió, nadie concilio, los estudiantes fuimos silenciados y sin derecho a opinar, no estuvimos de acuerdo, pero la soledad de su indiferencia nos mató antes de la estocada final.

Nos han asesinado el alma, nos han mostrado nuestra propia insignificancia y la poca facultad que tenemos para luchar contra monstruos sin un atisbo de vergüenza o valor humano, pero si algo positivo podemos sacar -aferrándonos con nuestras uñas a algo bueno en medio de todo lo malo- es el conocimiento de que no cualquiera que te muestra una sonrisa y te da palabras de apoyo es verdaderamente tu aliado.

Gracias por enseñarnos desde ya que la vida está llena de demonios con máscaras de ángeles. Gracias por mostrarnos el lado sucio del mundo, porque probablemente a partir de ahora será más difícil dejarnos engañar.

Gracias, muchas gracias por mostrarnos que a veces, ni siquiera la unidad de personas buenas puede lograr destruir aquello que solo puede ser construido con la oscuridad que solo un corazón malvado puede poseer.

Nos duele. Y duele porque invertimos tiempo, esfuerzo y dedicación a esta causa. Duele porque cada noche decidíamos dar fin y cada mañana iniciábamos otra vez. Duele porque nos sentimos utilizados y buenos para nada, porque parece que lo único que debíamos hacer era ruido para silenciar los movimientos turbios que se daban en otros lados de la universidad. Hemos desfallecido, con la esperanza desesperanzada, con la alegría indignada, con el dolor de nuestras almas y las lágrimas cayendo a cántaros por nuestras mejillas.

Nos cansamos y por eso les hacemos saber a todos, a aquellos que nos miraron desde la tv o solo siguieron estas redes sociales, a ustedes que dormían les dejamos todas nuestras ganas de seguir, tan dolientes como sus publicaciones en playa y disfrutando de sus vacaciones.

UAC Sin miedo se ha rendido y damos por finalizada nuestra labor. Que los intereses particulares sigan prevaleciendo y que la injusticia siga caminando por nuestros pasillos, siendo la sombra de todos esos profesores que se vendieron por un plato de lentejas y que hoy fanfarronean y se burlan sin saber que algún día van a pagarlo y ojalá que sea pronto.

Ya no hay más en nosotros, solo un ‘Lo sentimos’. Sentimos haber sido ingenuos. sentimos haber entrado en juego que desde un principio era de ligas mayores cuando nosotros ni siquiera hemos aprendido a agarrar correctamente un bate. Sentimos haber querido ser salvadores. Sentimos haber creído que se podría lograr. Sentimos haber estado convencidos de que aportaríamos un pequeño grano de arena en lo que ha sido una larga lucha para acabar la corrupción. Pero, ante todo, sentimos que nuestros sueños hubieran sido más grandes que nuestra capacidad para cumplirlos. No queda nada por decir, solo recordar a uno de nuestros profesores que llegó a citar lo siguiente: Ahí les dejamos su hijueputa casa pintada.

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