La oferta gastronómica la presentan 9 restaurantes con sus platos innovadores.
El Corazón Alegre del Atlántico, como se conoce a Baranoa, se alista para tres días de fiesta alrededor de su producto insignia. En su vigésima tercera versión, el Festival del Chicharrón rendirá homenaje a uno de los precursores de este saber tradicional del municipio, Jaime Enrique Jurado Rojas, cuyo nombre acompañará desde ahora la memoria viva de un oficio que se transmite de generación en generación.
Con este homenaje, los organizadores buscan reconocer a quienes hicieron posible que el chicharrón baranoero se convirtiera en símbolo gastronómico y motivo de orgullo para todo el municipio. El lema de este año es «Sabor, tradición y crujir que nos une», una frase que condensa aquello que hace inconfundible al producto: su sazón, la herencia que representa y ese crujir que convoca a unas 15.000 personas durante los tres días.
El evento es organizado por la Asociación de Hacedores del Chicharrón de Baranoa, en coordinación con la Alcaldía municipal, que dispuso un plan de contingencia junto con las autoridades policivas, de Tránsito y los organismos de socorro. El objetivo es acompañar a los visitantes y garantizar que estos tres días transcurran en tranquilidad y buena compañía.
El alcalde municipal, Edinson Palma, dijo que “este festival se ha consolidado como una de las principales dinamizadoras de la economía de Baranoa y del departamento, es así como durante los tres días, los negocios multiplican sus ventas y generan empleos directos e indirectos: cocineros, meseros, transportadores, artesanos, comerciantes y emprendedores encuentran en el festival una vitrina para sus productos y un ingreso clave para el año”, expresó Palma.
28 establecimientos estarán a lo largo del corredor gastronómico, que volverá a convertirse en el epicentro de la celebración. A ellos se sumarán los diversos emprendimientos, encargados de adornar el corredor en los puntos libres, complementando así la oferta del comercio y brindando mayor variedad a quienes recorran el circuito.
El chicharrón de Baranoa es mucho más que un plato: es un oficio heredado entre generaciones y los asistentes podrán disfrutar de las distintas presentaciones: al barril, crujiente y jugoso, acompañado de yuca, bollo de limpio o bollo de yuca. La mayoría de los hacedores lo cocinan en fogones de leña, ese fuego lento que le da carácter y aroma inconfundibles.
Su preparación parte de un corte preciso de la piel con tocino y carne, una fritura a temperatura regulada y una sazón artesanal que conserva la jugosidad y el crujiente característico. Durante los tres días, los asistentes disfrutarán del chicharrón tradicional a $18.000, así como de una atractiva oferta de platos innovadores desde $25.000, con propuestas que reinterpretan el sabor de siempre.
Una de las novedades de este año es la instalación de carpas para actividades lúdicas y juegos de mesa en aquellos establecimientos que cuenten con el espacio, ampliando la experiencia más allá de la mesa y la degustación. A la oferta gastronómica se suman la exhibición de muestras artesanales, bisutería y presentación de comparsas y grupos folclóricos.
PLATOS INNOVADORES
Los platos innovadores son otra de las ofertas gastronómicas que en los últimos años han tenido gran acogida. Este año participan 9 platos, y en una iniciativa de la gestora social Julia Durán. Los platos son:
Cevicharron (Bestaurante Cerdo Sabrosón)
Porchetta en Foccacia (Restaurante La Porchetta)
Tortillarón (Restaurante Tremendo Totumazo)
Tramacazo de chicharrón (Restaurante Fogón Costeño)
Triada de chicharrón (Restaurante Luna Verde)
Castillón de Cerdo (La Parada del Sazón)
El Bipolar (Restaurante Abrasao)
Fantasía de Colores (Restaurante donde Morgan)
Ceviche de Chicharrón (Restaurante Brisas del Guájaro)
HOMENAJEADO
Jaime Enrique Jurado Rojas, popularmente era conocido como “El Cachaco” a quien se le rinde este año homenaje, llegó a Baranoa sin saber de cerdos, ni chicharrones, su mundo eran los caballos y sus pesebreras; sin embargo, en 1992 comenzó a escribir una historia que cambiaría la gastronomía de la región. Inició con ventas de pollos asados y almuerzos. Pero la curiosidad lo llevó a explorar algo nuevo y le apostó al negocio de la carne de cerdo. Fue el pionero de la chuleta cocida, antes se freían crudas. Poco tiempo después abrió su negocio que hoy se conserva y lleva por nombre ‘Los Arrieros de Jaime’, manteniendo vivo el sabor y un recuerdo imborrable.
HISTORIA DEL CHICHARRÓN
La fama de Baranoa como «Capital del Chicharrón» es anterior a su reconocimiento como festividad oficial. Entre las décadas de 1960 y 1970, familias de la zona apostaron por paraderos junto a la carretera y ofrecieron a viajeros y transportadores cerdo frito crujiente con yuca cocida y bollo limpio. La clave del éxito fue la sazón de la región —macerado en ajo y sal, frito en su propia grasa—, que mantiene la jugosidad del cerdo y convirtió el plato en una parada obligada del Caribe colombiano.








