Browis Enrique Castillo Sánchez es un joven de 16 años de edad, apasionado por el fútbol, deporte a través del cual desea sacar de la pobreza a su familia.
A su corta edad le ha tocado pasar por momentos difíciles en su vida, pero hasta ahora de todos ha salido airoso, incluso del temible COVID-19, que sin pedirle permiso se metió en su cuerpo y lo mantuvo por algunos días separado de su familia y recluido en uno de los espacios acondicionados por la Gobernación del Atlántico para aislar a las personas positivas para el virus.
Cuando Castillo Sánchez pensaba que lo peor ya había pasado vino lo que él considera otro virus más y es el de la discriminación.
Al regresar a su casa en el municipio de Polonuevo sintió las miradas de rechazo de sus vecinos y el murmullo en cada sitio donde veían a sus familiares. Uno de esos instantes de impotencia y dolor por la discriminación lo sufrió una de sus familiares, quien por cumplir una cita de control de su embarazo, se acercó hasta el centro de salud del pueblo y por solicitud casi al unísono de los que allí se encontraban le impidieron el ingreso al centro asistencial.
El joven no entiende por qué los tratan de esa manera: «a todos lo que viven conmigo le hicieron la prueba y les salió negativo», el mismo resultado que arrojaron los últimos exámenes que le realizaron a él antes de salir de su sitio de recuperación.
Browis pide a la comunidad que se pongan la mano en el corazón, que reflexionen y cambien de actitud con ellos. «Nosotros estamos sanos, no vamos a contagiar nadie porque no tenemos el COVID-19», apuntó el joven.
Sánchez aprovechó los micrófonos de este medio para pedir al alcalde del municipio que lo ayuden ya que no cuentan con los elementos necesarios como tapabocas, guantes y gel antibacterial para protegerse en esta pandemia que sigue latente. De igual forma pidió apoyo para su padrastro quien por la discriminación no ha podido seguir laborando para llevar el sustento a su hogar.



