Detener el tiempo en un instante preciso. Esa fue la hazaña de los 175 participantes que enviaron 273 miradas congeladas en papel al XVII Concurso Nacional de Fotografía Ambiental y Social en Zonas Palmeras de Colombia. En el marco del 54° Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite, la fotografía demostró ser el puente perfecto para entender que la agroindustria no está reñida con la vida silvestre ni con la dignidad humana.
La categoría Ambiental fue un despliegue de paciencia y comunión con la naturaleza. El tercer puesto nos recordó la fragilidad de la fauna: Jhon Alexander Moreno, con su obra “Donde la vida encuentra hogar”, capturó la ternura de un nido de ave suspendido en una hoja de palma, demostrando que los cultivos se han convertido en ecosistemas de refugio. El segundo lugar, de Ingrid Johana Martínez, titulado “De esta fruta, comemos todos”, plasmó el festín silvestre en una planta extractora. Sin embargo, el gran impacto visual lo logró Yeison Ferney Méndez con “Ecos del suelo palmero”; su lente congeló la perfecta simbiosis de una serpiente camuflada entre los frutos, ganando el codiciado primer puesto y evidenciando que la producción convive en paz con el entorno salvaje.
El concurso demostró que la belleza de la palmicultura no está solo en sus paisajes verdes, sino en las historias de coexistencia y el cuidado de su gente.
Por otro lado, la categoría Social retrató el sudor, la sonrisa y la hermandad del día a día en los campos de Colombia. Angie Rocío Díaz conmovió con “Esperanza germina” (tercer lugar), una imagen que exalta la delicadeza y fuerza de la mujer en los procesos de restauración de la tierra. La complicidad y el afecto laboral quedaron grabados en “Cuidarnos también es trabajo” de Jenny Paola Palencia, ganadora del segundo lugar.
El cierre de oro lo puso Juan Nicolás Torres, quien se llevó el primer puesto con “El duro pero apasionante trabajo de la palma”. Su fotografía es un homenaje visual a la cultura del autocuidado y a la dignidad de los coroteros y operarios colombianos que, de sol a sol, mueven la economía del país.
A través de estos lentes, Fedepalma no solo premió la técnica o la luz; premió las ventanas abiertas que nos permiten ver un sector palmero cada vez más sostenible, humano, orgulloso de su biodiversidad y de su gente.




