A través de una misiva, el Consejo Superior de Palabreros de la cultura Wayuu se pronunció sobre los hechos en el que el señor Favio Zuleta y un señor que dijo ser palabrero, ofendieron a la mujer y las costumbres de la guajira.
Este pronunciamiento se da luego que la Procuraduría General de la Nación se pronunciara y manifestara que denunciará ante la Fiscalía General los hechos que quedaron registrados en un video publicado en redes sociales, sobre la entrevista que Fabio Zuleta Díaz, director del programa radial “Buenas tardes con Fabio”, le hizo a un indígena guajiro, a quien identificó como Roberto, sobre la venta de 3 tres mujeres de la etnia wayúu, entre ellas una joven virgen.
El texto de la misiva habla de las faltas cometidas por Zuleta y la manera en que tendrá que enmendar el grave error cometido.
Texto de la carta:
Con el honor de la palabra que indica respeto, le hacemos extensivo nuestro saludo: Lo primero sea indicar que el pueblo wayuu rechaza la burla, los improperios, atrocidades, el trato denigrante y difamación causados contra nuestra cultura wayuu y contra el honor, el pudor, la dignidad y la intimidad corpórea de la mujer wayuu, constituible en ofensa y agravio cultural por parte del señor Favio Zuleta Días; y por lo tanto haremos o adelantaremos las acciones necesarias para hacer respetar nuestra honra y honor cultural e impedir que programas de chistes y burlas continúen con este tipo de contenidos para hacer de nuestra cultura el hazme reír de sus oyentes y patrocinadores, exigiendo respeto a nuestros usos y costumbres, los que con fines mercantilistas en este programa los han tergiversados, producto de la propia ignorancia y el disvalor que se tiene a nuestra cultura wayuu.
La forma en que se refirió el señor Zuleta contra nuestras mujeres, es un atentado contra el pudor, la honra, la dignidad y el valor máximo de respeto que merecen las mujeres wayuu, quienes tienen y representan para nuestra cultura la máxima insignia de vida, máxime cuando las promovió como un objeto sexual y de comercio cual habito de trata de blanca estaría acostumbrado promover en su entorno social este sujeto que se presume congraciado con sus actos bochornosos de burla y pedantería contra quien se le antoja y le viene en ganas lo arrastra, predicando improperios sin importarle la honra y dignidad de las demás personas.
Sepan de una vez por todas que nuestras mujeres wayuu no son de comerció ni están al doquier ni al servicio de quienes deseen saciar sus apetitos y morbos sexuales. Consideramos que la actitud del señor Zuleta lleva implícito un despropósito estigmatizador que desde luego generaría un impacto negativo contra nuestra cultura, constituyéndose en una amenaza a nuestros usos y costumbres ante los posibles rechazos de la sociedad dada la tergiversación de la realidad de nuestros usos y costumbres que en nada se refleja a los sucios comentarios del programa.
Nuestras mujeres wayuu constituyen el don superior del deber ser de los Eirrükos del pueblo wayuu; representan al cosmos del origen del ser wayuu, el espíritu de la existencia cual madre tierra brota la naturaleza que nos suministra aire, oxígeno y agua que nos da la vida.
La mujer wayuu no se vende, no tiene precio y no es una mercancía al mejor postor; quien pretenda a una mujer wayuu debe someterse al casamiento wayuu el cual no se puede mirar ni configurar como un negocio fructífero, lucrativo y productivo, pues éste constituye la importancia y el valor que el pretendiente le da a la mujer que aspira como madre de sus hijos; y por el contrario significa un afianzamiento interclanil de Eirrükos que previo a un procedimiento de reconocimiento y aceptación, dos clanes (eirrükos) sellan un pacto de confianza, de respeto de confraternidad y consideración para el buen vivir.
De hecho cualquier dote o reconocimiento, que se dé por una mujer wayuu, quizás es insignificante e irrisoria a la herencia que tiene la mujer en el seno de su familia (apushi), pues la ÁPAALA es equivalente a su linaje, cual condición debe poseer el clan (eirruko) pretendiente. Dicha herencia la recibe el hombre luego del casamiento, cual debe administrar sin dilapidación, pues este representa y constituye el futuro económico de sus hijos. De tal forma que lo que se da en el matrimonio wayuu es un intercambio de bienes y especies, incluso algunos animales sirven para emparentar las razas de reses, ovinas y caprinas de ambos clanes.
No cualquier pendenciero ni bufón podrá aspirar cortejar una mujer wayuu de un clan de respeto. Exigimos y prohibimos cualquier expresión de palabras obscenas que denigren o que atenten contra la integridad de las mujeres Wayuu; palabras o expresiones que las hacen más vulnerables del atropello y los padecimientos, abandonos que día a día viven, quienes con tesón y bravía incansablemente luchan por la paz y la convivencia social interna y externa, en procura del bienestar de su familia. No más complacencia de fanaticadas a costa de la infamia y descredito cultural de nuestro pueblo wayuu, el que bastante ha sido víctima de la aculturización.
EXIGENCIAS DE REPARACIÓN
Para resarcir el daño y sanear la ofensa causada, la emisora y el señor Favio ZuletaA, según lo que a cada uno corresponda, deberán:
1. Hacer un programa radial que deberá sintonizarse en todas las emisoras del grupo cardenal donde haya retractación de las infamias expresadas por el señor Favio Zuleta, debiendo desplegarse un informe amplio de la cultura wayuu, especialmente sobre los temas abordados en el programa: la mujer, el matrimonio, la ofensa, la reparación y compensación, el Warrara y el PUTCHIPÜ (palabrero), cual deberá investigar a plenitud y a su propio albedrío el señor Favio Zuleta.
2. Deberá salir del aire durante un año el programa radial que dirige el señor Favio Zuleta.
3. Deberá construirse varios monumentos elaborado en broce con la figura de la mujer wayuu de dos metros de alto, que será ubicado en los principales parques de los municipios de Riohacha, Maicao, Uribia y Manaure, el cual deberá representar y simbolizar el valor, respeto de la mujer wayuu, llevando una placa que indique el hecho bochornoso, indicando las razones de la obra, que ella constituye una reparación al pueblo wayuu por parte del infractor.