“Que se escuche la voz que ha retumbado por años en mi mente”, Engrazia

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Claudia Luz Engracia Bossa Olmos, cartagenera, nacida el 5 de julio de 1969. Se desempeña como comunicadora social y periodista; abogada y conciliadora en Derecho; maestra en escrituras creativas y bioética; y promotora de lectura.

Su infancia, niñez y adolescencia trascurrieron en la Ciudad Amurallada. Cursó dos semestres de carrera en la Universidad de La Sabana en Bogotá, se graduó en Barranquilla como periodista de la Universidad Autónoma del Caribe y retornó a Cartagena de Indias donde laboró en el diario El Universal. En La Heroica nació su hija mayor Valeria María y de allí, se trasladó a San Andrés Isla donde nacieron sus dos hijos menores: Javier de Jesús y Salomé. Posteriormente, sentó su residencia en la capital colombiana en busca de una mejor educación para ellos.

Desde temprana edad, la autora de “La cruz Del Cristo”, escribía sus pensamientos en un cuaderno Norma tradicional o vintage que compraba en la tienda de la esquina en su barrio La Floresta y decoraba sus textos con flores e imágenes a color recortadas de revistas. Durante su adolescencia y juventud, de manera activa, publicó reflexiones y dibujos en los murales y el periódico de su colegio, Ciudad Escolar de Comfenalco. También participó en talleres estudiantiles de poesía y sus poemas eran escuchados con atención por los compañeros de clase.

El amor por las letras y las palabras de Claudia Luz Engracia, proviene del afecto que le infundieron sus profesores de español y redacción de la escuela y universidades: Manuel Reyes Bolaños (Comfenalco), Estela Roldán (Universidad de La Sabana) y Wilber José Fábregas Molina (Universidad Autónoma del Caribe); así como de la admiración que sentía y siente por su abuelo paterno Donaldo Bossa Herazo (Tolú 1904 – Cartagena 1996), escritor e historiador, presidente de la Academia de Historia de Cartagena de Indias, con sede en el Palacio de la Inquisición, lugar que también irradió su amor por libros. Ella, con frecuencia, al terminar su jornada escolar, iba a recorrer el museo, sus patios y la oficina de su abuelo, espacios repletos de libros de historias y leyendas. Así mismo, visitaba la Biblioteca Bartolomé Calvo para investigar sus tareas.

La novel escritora, recorrió las callecitas del Corralito de Piedra guiada por el “Nomenclátor Cartagenero” de autoría de su abuelo y, gracias a esta guía histórica, pudo narrar sin equivocaciones, el recorrido de los protagonistas en el centro histórico.

A Engrazia, su abuelo le legó su tercer nombre “Engracia”, en honor a su madre (y bisabuela) y como regalo a su primera nieta, el cual, ella escondía para evitar bromas en el salón de clases, pero muy pronto lo aceptó, puesto que, su mamá Luz Marina Olmos Arnedo le hizo entender la bendición de estar “en gracia de Dios”. Así pues, halló tanta bondad en este presente que lo convirtió en su seudónimo, utilizando su variación en italiano.

Claudia Luz Engracia escribe poemas, pensamientos y reflexiones en papelitos que luego recopila y que, a la fecha, están a la espera de ser su segunda obra a publicar.

En 2011 como estudiante de la maestría de escrituras creativas de la Universidad Nacional de Colombia, terminó de escribir el borrador de esta obra de ficción, inicialmente titulada “Adicto a mí”. Tras un distanciamiento de 12 años, la novela “La cruz Del Cristo” es publicada con ilustraciones y mapas complementarios, tal como lo había soñado dormida y despierta en su afán por llevar este mensaje de consciencia al género masculino, a la sociedad colombiana y, por supuesto, a todos los lectores.

Reseña de la obra

La cruz Del Cristo es la historia de Donaldo Del Cristo Leal, un hombre hipersexual con ocho hijos y cuatro mujeres; fue abandonado al nacer por un padre andariego y mujeriego, educado por una madre iletrada. Debido a sus méritos intelectuales, Donaldo ocupa el cargo de Juez Once de Instrucción Criminal. Por esto, las experiencias familiares y la promiscuidad, le plantean un conflicto entre el machismo y la justicia, crisis que se acentúa cuando convive con Mónica, coprotagonista, educada por un padre infiel que maltrata a su trabajadora y sumisa esposa.

Mónica, ingenua y soñadora, idealiza un hogar “perfecto”, negándose a aceptar los adulterios reiterativos del marido. Entonces, dedicándose a criar hijos y esclavizándose por el orden, busca ser indispensable para el inconsciente Donaldo. El amor por la familia llena a Mónica de la tolerancia que necesita para “perdonarlo” al límite de sacrificarse y, tras alcanzar conciencia espiritual, decide “contradictoriamente” que su misión en la vida culminará con el suicidio para “salvar” a Donaldo de una condena karmática, pues así, lo “obligará” a dedicarse a los hijos que dependerían exclusivamente de su cuidado. La muerte es el método que ella emplea para liberarse en doble vía, de las ataduras de la adicción al sexo de Donaldo y de las cadenas generacionales de cada uno.

La novela avanza entre oleadas del presente y el pasado, temporales revividos por voces del recuerdo y digresiones de los personajes, propias de la cotidianidad del ser humano; con los comentarios recalcitrantes y la crítica de un narrador que los juzga, aunque sabe que al final, todos traemos una herencia y una dependencia de las que se debe aprender para evolucionar.

Instagram: @lacruzdelcristo

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