El arroz apastelado de cerdo, una joya de la cocina tradicional barranquillera creada por la chef Carolina Asmar, fundadora del restaurante Celia, ahora vuela a 30.000 pies de altura tras ganar el programa «Sabores que Transportan» de LATAM Airlines Colombia.


El olor a manteca de cerdo, ají dulce y el sutil perfume de las hojas de bijao ya no solo impregnan los callejones del barrio Prado o los concurridos pasillos del mercado de Barranquilla. Hoy, esa misma fragancia, que evoca los almuerzos de domingo en el Caribe colombiano, se expande a través del aire acondicionado de una aeronave de última tecnología en pleno vuelo hacia Miami, São Paulo o Santiago de Chile.

Detrás de este hito está Carolina Asmar, la chef barranquillera cuya mirada decidida refleja el vigor de la mujer costeña. Carolina es el alma de Celia, un restaurante en Barranquilla que nació para rendirle culto a la herencia familiar y a la memoria culinaria de la región. Su talento, que recientemente le valió también el prestigioso premio nacional «Dos Fuegos» en El Salvador, acaba de conquistar el certamen gastronómico de LATAM Airlines Colombia.

El concurso, diseñado bajo la iniciativa de sostenibilidad e identidad cultural «Sabores que Transportan», buscaba una receta con el poder de resumir la esencia de un país en un solo bocado. El veredicto fue unánime. Carolina Asmar se coronó como la triunfadora, convirtiéndose en la primera mujer cocinera del Caribe colombiano en ingresar a la selecta carta a bordo de la aerolínea.

«Llevo mucho tiempo estudiando, aprendiendo y equivocándome y creo que es un momento muy bonito para mí ver que todo el esfuerzo que he realizado durante estos años tiene un fruto «y qué fruto» porque realmente es algo bastante importante y bastante representativo para la región, afirmó Carolina Asmar.

«Al colombiano que vuele con LAtam y pruebe en los cielos el arroz de cerdo les digo que aprovechen, que se sientan orgullosos de ser barranquilleros y de ser caribeños cuando se encuentren con estos platos y que les den el valor que se merecen, porque a veces la sofisticación se encuentra más en lo propio que en lo de afuera», puntualizó la chef

Del fogón tradicional a la ingeniería del aire

Preparar un arroz apastelado en tierra firme es un arte doméstico; adaptarlo para que no pierda su humedad, su textura perfecta y su potencia de sabor en las alturas es un verdadero desafío de ingeniería gastronómica. Carolina pasó semanas ajustando la receta en colaboración con los equipos técnicos de la aerolínea para asegurar que la sazón de Celia se mantuviera intacta a miles de pies de elevación.

El resultado es un viaje sensorial. Los pasajeros de las cabinas Premium Business y Premium Economy que abordan vuelos internacionales desde Colombia con rumbo a Orlando, Lima, Miami, São Paulo y Santiago de Chile, se encuentran ahora con un plato hondo repleto de historia. Cada grano de arroz, impregnado de los jugos del cerdo cocinado a fuego lento, cuenta una historia de plazas de mercado, de herencia indígena y de las manos expertas que por generaciones han alimentado al Atlántico.

Para la gastronomía del Caribe, este logro representa una vitrina sin precedentes. Ya no se trata solo de exportar ingredientes, sino de globalizar una vivencia cotidiana. Mientras el avión cruza las nubes del continente, en las bandejas de los viajeros el arroz apastelado de Carolina Asmar demuestra que la cocina criolla y tradicional no tiene fronteras, y que los sabores más profundos de la identidad colombiana están listos para conquistar el mundo entero.

 

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