“Nosotros como banco de desarrollo estamos privilegiando los estudios, la planeación y el trabajo que están realizando las ciudades para hacer frente y recuperarse de determinados impactos. Esto se denomina resiliencia urbana”, sostuvo el Presidente de Findeter.
Bogotá, . Uno de los temas de la Asamblea N°48 de la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo (ALIDE) fue “Resiliencia de las ciudades ante eventos extremos: acciones contracíclicas de la Banca de Desarrollo para una rápida recuperación”. Allí el Presidente de Findeter, Rodolfo Zea, se refirió al papel que está realizando la entidad con los municipios para que avancen entre otros, en términos de sostenibilidad en su marco ambiental, urbano, económico y social.
Destacó además que con los programa de Ciudades Sostenibles y Competitivas, y Ciudades Emblemáticas, que lidera la Financiera con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se construye una visión conjunta en respuesta a las oportunidades del territorio, para proyectar acciones pertinentes que contribuyan a su sostenibilidad.
“La metodología que tenemos con estas iniciativas busca que las ciudades proyecten su desarrollo de manera ordenada, a través de la planeación y priorización de obras que sean de gran impacto y beneficio para la comunidad”, asegura el Presidente de Findeter, Rodolfo Zea.
Estudios enfocados a la mitigación del cambio climático, vulneración del riesgo y la huella urbana, hacen parte de las estrategias que realiza la Financiera del Desarrollo con las regiones, para que se mitigue el impacto que generan los fenómenos de la naturaleza.
En su intervención, el doctor Zea dijo que casos como el de Mocoa (ocurrido en marzo de 2017) y el de Manizales (abril de 2017) son un claro ejemplo de la importancia que éstas cuenten con un plan de ordenamiento y con un plan de prevención de desastres, para anteponerse a los problemas que afectan una ciudad.
Finalmente, el directivo manifestó que el Departamento Nacional de Planeación (DNP) ha identificado que cerca del 33% de la población está en riesgo por deslizamientos y el 48% en riesgo por inundaciones, y que resulta siete veces más costoso invertir en atención que en prevención de emergencias climáticas.


