Una combinación de ambas estrategias, usando PD-1 y CTLA-4, puede ser incluso más efectiva
Desde el siglo XIX la idea de activar a nuestro sistema inmune para luchar contra el cáncer ha estado encima de la mesa, pero no ha sido hasta el hallazgo de estos dos pioneros y todos los científicos que han trabajado en este campo que no se ha conseguido un salto cualitativo en las terapias y un cambio que permite tratar a pacientes que hasta hace unos años no tenían posibilidades de ser tratados. Igual que otras terapias, la inmunoterapia contra el cáncer tiene efectos secundarios, pero los investigadores están empezando a hacerlos manejables. Estudios clínicos recientes indican además que una combinación de ambas estrategias, usando PD-1 y CTLA-4, puede ser incluso más efectiva, y se ha probado ya en pacientes con melanoma. En la actualidad, se están realizando docenas de ensayos inspirados en los hallazgos de Allison y Honjo, y se buscan nuevas proteínas cuyo bloqueo sea aún más eficaz para otros tipos de cáncer.